¡NO TE DEJES VENCER POR EL MIEDO! (Martes)

¡No temas! ¡Cuántas veces el Señor nos repite esta invitación! Sobre todo hoy, en una época marcada por grandes incertidumbres y miedos, estas palabras resuenan como una exhortación a confiar en Dios, a dirigir nuestra mirada hacia Él, que guía el destino de la historia con la fuerza de su Espíritu, no nos abandona en la prueba y asegura nuestros pasos en la fe.

S.S. Juan Pablo II, Homilía, 8/2/1998, n.2.

¡NO TE DEJES VENCER POR EL MIEDO! (Lunes)

El miedo que experimentó Pedro está también muy presente en nuestras vidas. El seguimiento del Señor, cuando exige dar pasos decisivos, causa mucho temor. Aparece entonces el miedo de comprometerse hasta el fondo y de por vida con Él, el miedo de no saber por dónde nos puede llevar ese compromiso o cuánto nos va a exigir, el miedo de no ser yo quien controle mi propia vida según los planes que me he hecho, el miedo enorme de dar el “salto al vacío” que exige la fe, de decirle al Señor: “aquí me tienes, hágase en mí según tu palabra”.

DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO - C

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PRIMERA LECTURA: Is 6, 1-2. 3-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: el borde de su manto llenaba el templo. Y vi serafines de pie junto a él. Y se decían el uno al otro:

—«¡Santo, santo, santo, es el Señor de los ejércitos, la tie¬rra está llena de su gloria!»

Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.

Yo dije:

—«¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos».

“TÚ, ¡ÁRMATE DE VALOR! ¡NO LES TENGAS MIEDO!” (Sabado)

Pero en medio del inmenso contento se hace campo el dolor. Bendiciendo a José y María, Simeón se dirige a ella, a la Madre de Jesús (Lc 2, 34ss), en un diálogo profundamente íntimo y profético: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser signo que será contradicho»… María escucha con dolor el sentido que implica que su Hijo será rechazado por muchos, que el Mesías no será reconocido por todos en Israel. María ve confirmado el camino que a Ella, tan íntimamente unida a Jesús, le aguarda. «Y a Ti misma, una espada te traspasará el corazón», sigue diciéndole Simeón.

“TÚ, ¡ÁRMATE DE VALOR! ¡NO LES TENGAS MIEDO!” (Viernes)

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Que la cruz sea tu gozo no sólo en tiempo de paz; también en tiempo de persecución has de tener la misma confianza, de lo contrario, serías amigo de Jesús en tiempo de paz y enemigo suyo en tiempo de guerra. Ahora recibes el perdón de tus pecados y las gracias que te otorga la munificencia de tu rey; cuando sobrevenga la lucha, pelea denodadamente por tu rey.

Jesús, que en nada había pecado, fue crucificado por ti; y tú, ¿no te crucificarás por él, que fue clavado en la cruz por amor a ti?

San Cirilo de Jerusalén, Catequesis 13, 23

“TÚ, ¡ÁRMATE DE VALOR! ¡NO LES TENGAS MIEDO!” (Jueves)

El Señor Jesús, que no permitió que en Nazaret la turba furiosa lo arrojara por el barranco, en Jerusalén se entregó dócilmente a la muerte por nuestra reconciliación. En el Calvario es donde más radicalmente hallaba su cumplimiento aquello de «y los suyos no lo recibieron» (Ver Jn 1,11). La sagrada Comunión procede de aquél sacrificio cruento de Cristo. Su Cuerpo entregado y su Sangre derramada por nosotros en el Altar de la Cruz llegan hasta nosotros en cada Eucaristía, en cada Comunión.

“TÚ, ¡ÁRMATE DE VALOR! ¡NO LES TENGAS MIEDO!” (Miercoles)

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A quienes lo siguen, Cristo no les promete una vida fácil. Antes bien, les anuncia que, viviendo el Evangelio, deberán convertirse en signo de contradicción. Si Él mismo sufrió persecución, también deberán sufrirla sus discípulos.

S.S. Juan Pablo II, Homilía, 7/6/99, n.4.

“TÚ, ¡ÁRMATE DE VALOR! ¡NO LES TENGAS MIEDO!” (Martes)

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Las palabras de Jesús en Nazaret provocaron una fuerte reacción en quienes las escuchaban: algunos quedaron francamente fascinados, pero otros lo rechazaron e incluso intentaron matarlo. Así, Jesús, ya desde el comienzo, se presenta como un signo de contradicción para cuantos se encuentran con Él, y sigue siéndolo aún hoy para la humanidad de nuestro tiempo en el umbral del tercer milenio.

S.S. Juan Pablo II, Homilía, 1/2/1995, n. 1.

“TÚ, ¡ÁRMATE DE VALOR! ¡NO LES TENGAS MIEDO!” (Lunes)

Si el Señor Jesús encontró oposición al anunciar el Evangelio, ¿no la encontraré yo también? Si Él fue rechazado por algunos, calumniado y crucificado, ¿no lo seré yo también? «El discípulo no es más que su Maestro» (Mt 10,24) Si soy fiel al Señor y a la misión de anunciar su Evangelio, experimentaré el rechazo del mundo, de una o de otra manera.

DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO - C

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PRIMERA LECTURA: Jer 1,4-5.17-19

En tiempos del rey Josías, recibí esta palabra del Señor:

«Antes de formarte en el vientre materno, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de las naciones.

Y tú, ármate de valor, ponte de pie y diles lo que yo te mando. No les tengas miedo, que si no, yo te haré temblar ante ellos. Mira; yo te convierto hoy en ciudad fortificada, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo.

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