SEÑOR: ¡QUE NO ENDUREZCA YO MI CORAZÓN! (Textos)

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El cristianismo ha tenido en Jesús un excepcional maestro de doctrina y de vida. Jesús, llamado por sus discípulos y por la gente rabbí (es decir maestro) enseñó durante su vida terrena con una autoridad superior a aquella de los maestros contemporáneos suyos (Mc 1,22) y con una comunicación que hoy llamaríamos global.

SEÑOR: ¡QUE NO ENDUREZCA YO MI CORAZÓN! (Tema de la semana)

Ante los asombrados y maravillados oyentes de la sinagoga de Cafarnaúm, el Señor Jesús enseña «una doctrina nueva, expuesta con autoridad». ¿En qué consiste esa “autoridad”?

DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO - B

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PRIMERA LECTURA: Dt 18, 15-20

Moisés habló al pueblo, diciendo:

— «El Señor tu Dios hará surgir un profeta como yo, de entre los tuyos, de entre tus hermanos. A él lo escucharán. Es lo que pediste al Señor tu Dios en el Horeb, el día de la asamblea: “No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios, ni quiero ver más ese terrible incendio; no quiero morir”.

«VENGAN CONMIGO, Y LOS HARÉ PESCADORES DE HOMBRES» (Textos)

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¡Pescar a los hombres! Es decir, acercarse a ellos, conocer sus costumbres y sus necesidades, saberlos esperar, saber adaptarse a sus cambios, poseer el arte de atraerlos, un corazón capaz de amarlos, la sabiduría de convencerlos.

«VENGAN CONMIGO, Y LOS HARÉ PESCADORES DE HOMBRES» (Tema de la semana)

El mar es el hábitat propio de los peces y de toda criatura marina, mas no del ser humano. Éste se ahoga y muere si desprovisto de cualquier instrumento para respirar permanece sumergido en la profundidad de las aguas. Esto es lo que figurativamente sucede con el hombre cuando decide apartarse de Dios y peca: se sumerge en la profundidad del mar, se destruye a sí mismo. El pecado es un acto suicida. En efecto, el hombre sin Dios, roto por la miseria del pecado, hundido en la muerte, «tiene nombre como de quien vive, pero está muerto» (ver Ap 3,1).

DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO - B

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PRIMERA LECTURA: Jon 3, 1-5.10

En aquellos días, vino la palabra del Señor sobre Jonás:

— «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo».

Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando:

— «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!».

Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron con ropas de penitencia, grandes y pequeños.

¡A TI TE BUSCO, SEÑOR! (Textos)

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Buscar a Cristo debe ser el incesante anhelo de los creyentes, de los jóvenes y de los adultos, de los fieles y de sus pastores. Hay que alentar esta búsqueda, sostenerla y guiarla. La fe no es simplemente la adhesión a un conjunto de dogmas, que apagaría la sed de Dios presente en el alma humana. Al contrario, aquella proyecta al hombre, en camino en el tiempo, hacia un Dios siempre nuevo en su infinitud. El cristiano es por ello contemporáneamente uno que busca y uno que encuentra.

S.S. Benedicto XVI, Ángelus, 28/08/2005.

¡A TI TE BUSCO, SEÑOR! (Tema de la semana)

«¿Qué buscan?» Ésta es la pregunta que el Señor Jesús dirige a dos jóvenes que con cierta inquietud lo seguían a cierta distancia. La palabra griega “zeteo” utilizada por el evangelista Juan trae consigo un matiz que conviene resaltar: se trata de buscar con mucha intensidad, con mucha fuerza y empeño.

DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO - B

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PRIMERA LECTURA: 1 Sam 3, 3-10.19

En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió:

— «Aquí estoy».

Fue corriendo adonde estaba Elí y le dijo:

— «Aquí estoy; vengo porque me has llamado».

Respondió Elí:

— «No te he llamado; vuelve a acostarte».

Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. Él se levantó y fue adonde estaba Elí y le dijo:

— «Aquí estoy vengo porque me has llamado».

Respondió Elí:

— «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte».

¡DIOS SE HA MANIFESTADO EN JESUCRISTO! (Textos)

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Levantémonos, siguiendo el ejemplo de los magos. Dejemos que el mundo se desconcierte; nosotros corramos hacia donde está el Niño. Que los reyes y los pueblos, que los crueles tiranos se esfuercen en borrarnos el camino, poco importa. No dejemos que se enfríe nuestro ardor. Venzamos todos los males que nos acechan. Si los magos no hubiesen visto al Niño no habrían podido escaparse de las amenazas del rey Herodes. Antes de poder contemplarlo, llenos de gozo, tuvieron que vencer el miedo, los peligros, las turbaciones. Después de adorar al Niño, la calma y la seguridad colmaron sus almas.

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