PASOS PARA HACER UNA BUENA CONFESIÓN

PASOS PARA HACER UNA BUENA CONFESIÓN

1. Para hacer una buena confesión es preciso realizar los llamados “actos del penitente”, que son:

a. El examen de conciencia, que debe realizarse diligentemente antes de hacer una buena confesión. (Es permitido al penitente apuntar en una hoja los pecados de los que con ayuda de un cuestionario va tomando conciencia, y acercarse a su confesión con esa hoja que luego será bueno destruir).

b. La contrición o dolor por los pecados cometidos que implica un rechazo decidido de los mismos.

c. Propósito de enmienda, es decir, el firme deseo de y resolución de no volver a pecar en adelante.

d. Confesión de los pecados ante el sacerdote.

e. La satisfacción. «Muchos pecados causan daño al prójimo. Es preciso hacer lo posible para repararlo (por ejemplo, restituir las cosas robadas, restablecer la reputación del que ha sido calumniado, compensar las heridas). La simple justicia exige esto. Pero además el pecado hiere y debilita al pecador mismo, así como sus relaciones con Dios y con el prójimo. La absolución quita el pecado, pero no remedia todos los desórdenes que el pecado causó. Liberado del pecado, el pecador debe todavía recobrar la plena salud espiritual. Por tanto, debe hacer algo más para reparar sus pecados: debe “satisfacer” de manera apropiada o “expiar” sus pecados. Esta satisfacción se llama también “penitencia”.» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1459)

2. Después de haber preparado debidamente su examen de conciencia, habiendo hecho un acto de contrición en su corazón así como un firme propósito de enmienda, el penitente se acerca al sacerdote en el Sacramento de la Confesión. El sacerdote suele saludar de este modo: «Ave María purísima», a lo que responderá: «Sin pecado concebida». (Esta costumbre puede variar)

3. El penitente puede entonces pedir la bendición al sacerdote para hacer una buena confesión: «Bendígame, Padre, porque he pecado». El sacerdote responde con estas (u otras) palabras de bendición: «El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que puedas hacer una buena confesión»; o simplemente lo bendice sin decir nada.

4. Recibida la bendición el penitente inicia su confesión manifestando cuándo fue su última confesión, y si cumplió o no su penitencia anterior: “Hace (tanto) tiempo que hice mi última confesión, he/no he cumplido mi penitencia…”. Si ha pasado mucho tiempo y no recuerda con exactitud cuando fue su confesión, basta con decir el tiempo aproximado: “aproximadamente hace (tanto) tiempo que me confesé la última vez”.

5. Inmediatamente procede a confesar sus pecados al sacerdote, de modo audible.

6. Al momento de confesar sus pecados, el penitente debe tener en cuenta que:

a. «está obligado a confesar según su especie y número todos los pecados graves cometidos después del bautismo y aún no perdonados... de los cuales tenga conciencia después de un examen diligente» (CIC, 988,1).

b. En lo que se refiere a la especie, procure ser preciso a la hora de confesarlo: de qué pecado se trata (no basta por ejemplo decir en general “he pecado de lujuria”, sino que es preciso especificar el pecado cometido: si sólo con el pensamiento, o de acto ya sea solo o acompañado, si de fornicación o adulterio…), si hay agravantes, si hay algún daño o perjuicio a otro, etc. No se trata de entrar en detalles sobre la manera en que se pecó, sino de especificar el pecado mismo.

c. En lo que se refiere al número de veces que se ha cometido el pecado: en el caso de ser grave, debe decirse si se recuerda la cantidad exacta. Si no lo recuerda, el número aproximado. En el caso de ser pecados veniales, se recomienda decir la cantidad aproximada, por ejemplo: pocas veces, algunas veces, muchas veces.

d. Es recomendable confesar todos los pecados de los que se tiene memoria. Para ello es necesario el examen diligente antes de la confesión. Pero hay que evitar caer en una escrupulosidad malsana, por la que uno piensa que si se olvida un pecado que luego recuerda, debe volver a confesarse. (Nota: la absolución borra todos los pecados, incluso los que uno haya podido olvidar a la hora de la confesión. En cambio, no borra ninguno cuando conscientemente se oculta un pecado grave, por miedo, por vergüenza, por no estar arrepentido sabiendo que es pecado, o por cualquier otra razón. Cuando así se procede, el penitente añade a sus anteriores pecados el pecado de sacrilegio).

e. Se recomienda concluir la confesión de los pecados con estas u otras palabras similares: «Y pido perdón también por todos los pecados olvidados o mal confesados».

7. Luego de haber escuchado las palabras del sacerdote y acogido la penitencia, el penitente recita en voz baja un acto de contrición mientras es absuelto por el sacerdote.

8. Acostúmbrese el penitente a cumplir su penitencia lo antes posible. (Nota: independientemente del cumplimiento o no de la penitencia, el penitente ya ha sido perdonado de todos sus pecados en el momento en que el sacerdote ha pronunciado sobre él las palabras de absolución: “Yo te absuelvo de tus pecados, en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén).

Para tener en cuenta:

1. Aunque la Iglesia sólo obliga a confesarse una vez al año, cuando se tiene conciencia de estar en pecado grave, se recomienda que la confesión sea frecuente, si es posible, cada semana o cada dos semanas.

2. Si caigo en un pecado grave, lo mejor es acudir inmediatamente al confesor, sin esperar que pase un día o que llegue el fin de semana. La vergüenza y el miedo hay que dejarlos atrás, para buscar de inmediato estar bien con Dios, reconciliarnos con Él, estar en gracia para poder seguir luchando en nuestra vida contra el mal que busca apoderarse de nuestros corazones. Quien cae, debe levantarse inmediatamente para seguir luchando.

3. Procure el penitente tener un mismo confesor.

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