¡SEÑOR, YO CREO, PERO AUMENTA MI FE! (Viernes)
En Lyon, durante su temprana juventud, Federico Ozanam sufre una fuerte crisis religiosa. Fueron para él meses sumamente duros. El impacto de numerosas lecturas anticristianas había dejado su huella, reclamando una más proporcional formación en la fe. “De tanto oír hablar de incrédulos e incredulidades, me preguntaba por qué creía yo. Dudé... y la duda renacía en mí... nuevas objeciones brotaban en mi espíritu y yo volvía a dudar”. Una intensa sensibilidad con claros visos existenciales hace de eco de esa crisis, y al mismo tiempo de vía de interiorización que conduce a quien la sufre a las profundidades de su ser. Su afligido ruego ante el Santísimo: “Señor, sólo Tú puedes restaurar mi fe”, recibe respuesta. Desde entonces, con la gracia de Dios sale adelante con la convicción de un converso, con una fe renovada, más fogosa, consciente y profunda. Su gratitud se expresa en una promesa que cumplirá a lo largo de su vida: “Yo he prometido a Dios dedicar mis días al servicio de la Verdad que me ha concedido la paz”. Más adelante explicará la gesta a la que planea entregarse, sin amilanarse ante sus grandes desafíos, y dirá: “Vencer sin riesgos es triunfar sin gloria, pero cuanto más difícil es la obra tanto más bello es realizarla”.
Luis Fernando Figari, Federico Ozanam, apóstol de la caridad y la reconciliación.

Delicious
Digg
Facebook
Google
Yahoo