A QUIEN MUCHO SE LE PERDONA, MUCHO AMOR MUESTRA (Sabado)

Nuestra devoción mariana debe ser siempre cristocéntrica. Esa piedad filial profesada a María es una concreción del amor que profesamos al Hijo; no es una mera imitación exterior, sino más bien una misteriosa y suprema participación del amor de Jesús a María. En nosotros es el Señor Jesús quien continúa amando a Santa María. Y es en Ella que descubrimos la magnitud del intenso amor que despierta Jesús; no por nada la llamaba Santa Catalina de Siena «portadora del fuego del divino amor»; y, desarrollando esa misma verdad, enseñaba en su tiempo San Buenaventura: «Como quiera que María arde en vivas llamas de amor de Dios, quiere inflamar ese mismo amor y hacer semejantes a sí a todos los que la aman y se le acercan». Y quien se hace fuego de amor con María, ¿cómo no va a querer inflamar --en unión con Ella-- a todos aquellos que sufren por falta de luz y calor?

Luis Fernando Figari, En Compañía de María, VE, Lima 2002.