SÍGUEME - Lunes

La vida cristiana es un camino y un seguimiento. A todos el Señor nos llama a seguirlo en el camino que conduce a la vida eterna, nos invita a hacer de Él nuestro Camino a la auténtica gloria y felicidad humana.

Ahora bien, aunque todos estamos llamados a seguir al Señor viviendo de acuerdo a sus enseñanzas, aspirando a asemejarnos cada día más a Él, hay algunos a los que Él llama a seguirlo “más de cerca” para anunciar el Evangelio (Ver Mc 10,29). Se trata del llamado a la vida consagrada o sacerdotal.

Ante este llamado a la vida consagrada, diversas pueden ser las reacciones.

Algunos, renunciando a todo tipo de comodidades y seguridades humanas, con coraje y enorme generosidad responden: «¡te seguiré adonde quiera que vayas!». Y así lo hacen por todos los días de su vida.

Otros ponen condiciones: “está bien, pero déjame primero...”. Los invade el miedo, los vence el temor y la desconfianza en Dios, se aferran a falsas seguridades y huyen como pueden, dilatando interminablemente su respuesta o acaso pronunciando un rotundo “no”, como en el caso del joven rico (Ver Lc 18,22-23). A aquellos que le ponen condiciones al Señor, Él responde: “el momento de responder es ahora, no ‘mañana’; te llamo hoy, no te llamo ‘para mañana’, para cuando hayas ‘vivido la vida’, para cuando seas ‘más maduro’; te llamo cuando para ti es el momento de responder”.

Otros se quedarán “mirando para atrás”, incapaces de apartar la mirada del corazón de aquello o aquellos a los que el Señor les pide dejar atrás para anunciar su Evangelio libre de todo y de todos para ganar a los que más puedan. Al no amar suficientemente al Señor ni confiar en Él, sólo tienen ojos para ver aquello a lo que tanto les cuesta renunciar, haciéndose ciegos a lo que van a ganar: «Yo les aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna» (Mc 10,29-30).

MEDIOS CONCRETOS

1. Lo que hoy muchos necesitan para seguir al Señor son modelos de vida cristiana, modelos cercanos, atrayentes, convincentes. ¡Lo que más necesita el mundo son santos y santas de la vida cotidiana! Renovémonos cada día en nuestro deseo y firme propósito de seguir fielmente al Señor “adonde Él vaya”, de ser santos viviendo fielmente las exigencias del Evangelio en la vida cotidiana: en la vida matrimonial, o en el sacerdocio, o en la vida consagrada, o en el proceso de descubrir mi propia vocación.

2. Reza esta oración todos los días: “por los jóvenes que perciben o escuchan el llamado del Señor a la vida consagrada o sacerdotal, para que tengan el valor y coraje de abrir sus oídos y decirle sí al Señor; para que cada día sepan sostener ese “sí” con firmeza en medio de los obstáculos, dificultades, tentaciones o pruebas que se les puedan presentar en el camino”.

3. Reza también por la conversión de aquellos padres que se oponen a la vocación de sus hijos, para que entiendan que tal vocación no es una maldición sino una enorme bendición para toda la familia, para que sepan comprender sus inquietudes y apoyarlos en su decisión, aunque implique para ellos un gran sacrificio.