SÍGUEME - Sabado
A medida que se esclarecía ante sus ojos y ante su espíritu la misión del Hijo, ella misma como Madre se abría cada vez más a aquella «novedad» de la maternidad, que debía constituir su «papel» junto al Hijo. ¿No había dicho desde el comienzo: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra»? (Lc 1, 38). Por medio de la fe María seguía oyendo y meditando aquella palabra, en la que se hacía cada vez más transparente, de un modo «que excede todo conocimiento» (Ef 3, 19), la autorrevelación del Dios viviente. María madre se convertía así, en cierto sentido, en la primera «discípula» de su Hijo, la primera a la cual parecía decir: «Sígueme» antes aún de dirigir esa llamada a los apóstoles o a cualquier otra persona (cf. Jn 1, 43).
S.S. Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 20.

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