¿QUÉ DEBO HACER PARA GANAR LA VIDA ETERNA? (Viernes)
Es fácil ayudar cuando el “prójimo” es alguien conocido y apreciado, un familiar o un amigo. Mientras más cercano al corazón, más sencillo es mostrar una eficaz preocupación por el otro. Pero, ¿qué sucede cuando el necesitado es un desconocido, o incluso un adversario? Surge la tentación de pasar de largo para evitar las complicaciones o los compromisos que conlleva el hecho de ayudar, o surge la tentación de gozarse en el sufrimiento del enemigo. Para el auténtico discípulo de Cristo “el prójimo” no se limita a quienes pertenecen a su entorno familiar, amigos o personas cercanas. Quien verdaderamente es de Cristo trasciende límites y distinciones para ayudar a todo aquél que en el camino de su vida halla “malherido y abandonado a la vera del camino”.

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