SEAMOS BUENOS ADMINISTRADORES DE LO QUE DIOS NOS HA CONFIADO (Martes)

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Como sucede con las cosas, y más aún con la vida, el hombre no es dueño absoluto y árbitro incensurable, sino —y aquí radica su grandeza sin par— que es «administrador del plan establecido por el Creador» (S.S. Pablo VI, Humanae vitae, 13). La vida se confía al hombre como un tesoro que no se debe malgastar, como un talento a negociar. El hombre debe rendir cuentas de ella a su Señor (Ver Mt 25, 14-30; Lc 19, 12-27).

S.S. Juan Pablo II, Evangelium vitae, 52.