¡DICHOSA TÚ QUE HAS CREÍDO EN DIOS! (Sabado)

Tan grande fue su fe, más grande que la del mismo Abraham, que esperando contra toda esperanza, creyó; y creyó algo que desafiaba no sólo la posibilidad humana, como en el caso de Abraham, sino todo lo imaginable. María acepta lo que ha sido, es y será un tremendo desafío a la debilidad de la razón caída. Lo hace sin regateos, en un Hágase responsable que asume todo lo que viene después, en claro antecedente de esa bendita “locura” de la que hablará luego San Pablo. Y, así, por el Hágase se ve convertida en Madre de Dios

Luis Fernando Figari