¡A TI TE BUSCO, SEÑOR! (Tema de la semana)

«¿Qué buscan?» Ésta es la pregunta que el Señor Jesús dirige a dos jóvenes que con cierta inquietud lo seguían a cierta distancia. La palabra griega “zeteo” utilizada por el evangelista Juan trae consigo un matiz que conviene resaltar: se trata de buscar con mucha intensidad, con mucha fuerza y empeño.

La pregunta del Señor pone en evidencia que lo siguen porque están buscando una respuesta profunda para sus vidas y para su pueblo. El Señor sale al encuentro de aquellos jóvenes buscadores para ofrecerles la respuesta verdadera, para ayudarlos a encontrar el objeto de su búsqueda, que no es otro que Él mismo: «vengan y lo verán». Es como si dijera, “¡vengan y llegarán al final de su intensa búsqueda!” ¡Sí! ¡Cuando se encuentran con Él, la búsqueda llega a su fin! ¡«Hemos encontrado» a Aquél que es la clave de nuestras existencias, a Aquél que responde a nuestros anhelos más profundos de reconciliación, de felicidad, de plenitud y realización humana!

Este episodio en la vida de estos dos jóvenes nos habla de una realidad profunda que cada uno de nosotros puede descubrir también en sí mismo/a: soy un/a buscador/a. Como tal, experimento que estoy continuamente en búsqueda, que me mueve y lanza a esa búsqueda diaria un profundo anhelo de encontrar algo o alguien que me ayude a comprenderme, a comprender el sentido de mi existencia, que me ayude a SER FELIZ. ¡Sí! ¡Quiero ser feliz! ¡Y por eso ando buscando, y estaré inquieto mientras mi corazón no halle lo que verdaderamente está buscando!

También a ti, que eres un buscador, una buscadora, el Señor te dice hoy: «ven y verás». ¿Tendrás el valor y la audacia de seguirlo a donde Él te lleve?

MEDIOS CONCRETOS

1. Muchos han abandonado la búsqueda. Ya no esperan nada de la vida. Viven infelices, amargados, tratando de pasar y gozar “el momento” mientras puedan y como puedan. Son personas como éstas las que luego enseñan a otros como si fuera una verdad irrebatible que “la felicidad no existe”. ¡Cuántos jóvenes me han dicho que sus propios padres les han enseñado que la felicidad no existe, que lo único que encontrarán en la vida son a lo más algunos momentos de alegría! ¡Pobres aquellos que empiezan así sus vidas, creyéndole a aquellos que nunca tuvieron el coraje y la osadía de buscar en Cristo su felicidad! ¡Son los que han fracasado en su búsqueda quienes quieren imponer a otros su frustración, matando en ellos toda esperanza de hallar la felicidad en sus vidas! ¡TÚ NUNCA ABANDONES LA BÚSQUEDA, no abandones el anhelo de encontrar la felicidad! ¡Pero ten el coraje y el valor de buscar allí donde pocos se atreven! ¡Busca en Cristo! Que cada día sea para ti una ocasión para renovarte en esa búsqueda intensa, con la convicción y confianza de que Él se deja hallar por aquellos que lo buscan con sincero corazón. En esa búsqueda, la oración constante, diaria, perseverante es de suma importancia. Buscar a Cristo en la Eucaristía, así como en el sacramento de la reconciliación, también es fundamental.

2. También el “mundo” ofrece responder a esos anhelos de felicidad del ser humano. Te dice que serás feliz si tienes poder, si tienes fama, si tienes riquezas, y si tienes… sexo libre de toda restricción, sin compromiso. En la segunda lectura de este Domingo hemos escuchado una exhortación del apóstol Pablo (1Cor 6,13-15) que choca frontalmente contra todo lo que se nos dice incesantemente a través de los medios de comunicación y de diversas personas, incluso amigos o familiares. Aquél HUYE DE LA FORNICACIÓN (= relaciones sexuales fuera del matrimonio) choca frontalmente con aquél TEN SEXO SIN LIMITES NI COMROMISOS, apenas estén de enamorados, apenas estén de acuerdo… porque “si hay amor no tiene nada de malo”, porque “nos divertimos”, porque “la pasas bien”, porque “lo necesito”, porque “no quiero que me deje, etc. Nuestra cultura parece empujar en una sola dirección, bombardeándonos incesantemente con mensajes sensuales y/o eróticos que hacen ver la fornicación como algo “normal” e incluso deseable, mensajes que empujan a nuestros jóvenes a empezar una vida sexual a edades cada vez más tempranas, presentándonos películas o series con las infaltables escenas sensuales o sexuales, ofreciéndonos publicidad de diversos métodos anticonceptivos que promueven como “segura” la relación sexual de modo que ya nadie tenga que esperar al día del matrimonio, etc. A ello se suma la fuerte presión social que reciben aquellos que son castos o vírgenes por parte de sus amigos o amigas que habiéndose ya iniciado sexualmente les cuentan sus aventuras y los incitan o presionan a hacer lo mismo. Ante todo un mundo que nos dice “no importa con quien lo hagas ni cuando lo hagas, lo importante es que te protejas y lo disfrutes, no esperes, basta que te sientas preparada, la castidad o virginidad es absurda, es de tontos, no sabes lo que te pierdes, etc.”, san Pablo nos recuerda la enseñanza divina: tu cuerpo no es para la fornicación, es para el Señor. No es en las relaciones sexuales fuera del matrimonio donde vas a encontrar la felicidad, sino viviendo el amor como el Señor nos enseña. ¡Huye pues de la fornicación, como quien huye del fuego! Si quieres encontrar razones y argumentos de peso para vivir la castidad y cuidar la virginidad (o una “segunda virginidad”) hasta el matrimonio, lee estos libros: Amor Puro (Jason Evert); Masculinidad Pura (Jason Evert); Feminidad Pura (Crystalina Evert).

3. Frente al fracaso de algunos, nos alienta el ejemplo y el testimonio de aquellos que habiéndose encontrado con Cristo y siguiéndolo fielmente han encontrado la felicidad que tanto andamos buscando. ¡No nos dejemos desalentar por quienes han fracasado en su seguimiento, por quienes han negado a Cristo con sus conductas incoherentes, incluso escandalosas! ¡Miremos siempre a Cristo! ¡Sigamos el ejemplo de quienes son fieles a Cristo, y sé tú ejemplo para los demás de cómo ser fieles a Él! Recuerda el testimonio y exhortación que el gran Papa Juan Pablo II nos dejó antes de morir: “¡Soy feliz, séanlo también ustedes!” Contra viento y marea, mantengamos siempre esta firme convicción y esperanza: ¡en Cristo se halla nuestra felicidad! ¡No tengamos miedo de buscarlo y de seguirlo fielmente cada día!