DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO - C

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PRIMERA LECTURA: Dt 30, 10-14

Moisés habló al pueblo, diciendo:

— «Escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus preceptos y mandamientos, lo que está escrito en el libro de esta ley; conviértete al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma.

¡YO TE ENVÍO! (Viernes)

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El mensaje salvífico podría muy bien resumirse con las palabras del evangelista Juan: “En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de Él” (1Jn 4,9). Jesús confió el mandamiento de difundir el anuncio de este amor, a sus apóstoles después de su resurrección, y los apóstoles, transformados interiormente el día de Pentecostés por el poder del Espíritu Santo, comenzaron a dar testimonio del Señor muerto y resucitado.

¡YO TE ENVÍO! (Jueves)

La misión de la Iglesia continúa la de Cristo: «Como el Padre me envió, también yo os envío» (Jn 20, 21). Por tanto, la Iglesia recibe la fuerza espiritual necesaria para cumplir su misión perpetuando en la Eucaristía el sacrificio de la Cruz y comulgando el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Así, la Eucaristía es la fuente y, al mismo tiempo, la cumbre de toda la evangelización, puesto que su objetivo es la comunión de los hombres con Cristo y, en Él, con el Padre y con el Espíritu Santo.

S.S. Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, 22.

¡YO TE ENVÍO! (Sabado)

En la unión con Jesús por María, con Ella y bajo su guía aprenderemos a esforzarnos por comunicar el amor de Jesús, buscando que Él sea amado por todos, buscando que todo el mundo se oriente hacia Él, que todos asuman el camino de reconciliación, que acepten y vivan el Divino Plan que Él explicita.

Luis Fernando Figari, En compañía de María, VE, Lima, 1995, p. 21.

¡YO TE ENVÍO! (Miercoles)

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Al anunciar el Evangelio, no debemos temer la hostilidad y la impopularidad, rechazando todo compromiso y ambigüedad que nos conformaría a la mentalidad de este mundo. Debemos estar en el mundo, pero no ser del mundo, con la fuerza que nos viene de Cristo, que con su muerte y resurrección ha vencido el mundo.

S.S. Juan Pablo II, Evangelium vitae, 82.

¡YO TE ENVÍO! (Martes)

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Evangelizar constituye la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa.

S.S. Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 14.

¡YO TE ENVÍO! (Lunes)

También hoy el Señor necesita apóstoles audaces, colaboradores suyos, hombres y mujeres que le presten sus labios. También hoy el Señor te llama a ti y te envía a anunciar su Evangelio a cuantos más puedas, y donde puedas. Si tú no respondes, dejarás un gran vacío. Si tú no respondes, ¿quién lo hará por ti?

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO - C

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PRIMERA LECTURA: Is 66, 10-14

Alégrense con Jerusalén y regocíjense con ella, todos los que la aman, salten de gozo con ella, los que estaban de luto por ella. Se alimentarán ustedes de sus pechos y se saciarán de sus consuelos, y saborearán el deleite de sus senos generosos. Porque así dice el Señor:

SÍGUEME - Sabado

A medida que se esclarecía ante sus ojos y ante su espíritu la misión del Hijo, ella misma como Madre se abría cada vez más a aquella «novedad» de la maternidad, que debía constituir su «papel» junto al Hijo. ¿No había dicho desde el comienzo: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra»? (Lc 1, 38). Por medio de la fe María seguía oyendo y meditando aquella palabra, en la que se hacía cada vez más transparente, de un modo «que excede todo conocimiento» (Ef 3, 19), la autorrevelación del Dios viviente.

SÍGUEME - Viernes

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¿Qué se gana con empezar algo y, tras un tiempo, dejarlo? «No debe tener en cuenta, decía San Jerónimo, el cristiano sus comienzos, sino su término y su fin». Porque, efectivamente, lo importante es seguir al Señor hasta el fin, aunque nos cueste. Lo importante es acabar bien. De interrumpir el buen camino sólo se sigue el fracaso y la tristeza, pero seguir el buen camino a pesar de todos los pesares da siempre sus frutos. San Bernardo solía decir: «A los que empiezan se les promete el premio, pero no se da sino a los que terminan».

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